A NCI-designated Comprehensive Cancer Center
BY Abe Rosenberg | 13 de diciembre de 2017
Diana Londono bio Diana Londoño, M.D.
"No soy del tipo cálido e indirecto".

La doctora Diana Londoño, una de las más recientes cirujanas urólogas de City of Hope, está intentando, con la clásica automodestia, describir su personalidad.

Todos alrededor de ella la conocen bien.

"Sí, ella es directa. Te dirá exactamente lo que piensa", dijo la doctora Meena Said, una colega que ha sido amiga de Londoño desde su época de residencia hace una década. "Pero la profundidad de sus sentimientos es increíble". 

"En nuestro segundo año", recordó Said, "trabajábamos semanas de 80 horas, estábamos agotadas todo el tiempo, no nos encariñábamos mucho con los pacientes. Y estaba viendo a Diana en la UCI, sentada con un hombre mayor mientras daba su último aliento. Él murió y Diana empezó a llorar. Simplemente... lloraba. Nunca había visto a ningún otro residente hacer eso".

A los pacientes también les gusta lo que ven.

"Es dulce y cariñosa", dijo Michael Klein, un sobreviviente de cáncer de vejiga diagnosticado y tratado por Londoño cuando trabajó en Miami. "Me llama todo el tiempo, ¡simplemente para ver cómo estoy! ¿Qué doctor hace eso en estos días? 

Londoño sonríe cuando se le lee el elogio.

"Solo estoy haciendo mi trabajo", dijo.

Es mucho más que eso.

Nacida en la Ciudad de México, Londoño tenía 12 cuando sus padres se divorciaron y se mudó con su madre al sur de California. A pesar de su inglés muy limitado, se destacó en la escuela. En la universidad, se vio atraída por varias actividades de liderazgo y consideró seriamente la política como una carrera posible. La medicina no estaba en su lista.

Luego, en un viaje a México para visitar a su padre, todo cambió.

"Mi padre era un hombre muy atractivo, orgulloso y vanidoso", recordó ella. "Las apariencias significaban mucho para él; tenía fotografías por toda la casa. Y era un verdadero producto de la cultura de "masculinidad" latina. Nunca admitía que no se sentía bien o que algo andaba mal". 

Pero algo andaba muy mal. Cuando se encontraron en el aeropuerto, él estaba en una silla de ruedas.

"Estaba delgado, pálido y paralizado de la cintura para abajo. Tenía pañales. Necesitaba atención las 24 horas".

El padre de Diana se estaba muriendo de cáncer de próstata metastásico no tratado. Tuvo demasiado orgullo y vergüenza para buscar la atención de un médico. En dos meses, estaría muerto.

Fue ese impactante evento que le alteró la vida el que motivó a Londoño a ingresar a la facultad de medicina de la UCLA para ayudar a otros como su padre y, sobretodo, "para garantizar y tener presente la dignidad de un paciente durante la enfermedad. A veces como médicos o enfermeros nos automatizamos tanto y estamos tan ocupados que nos olvidamos".

Londoño no se olvida. Siempre consciente de la naturaleza sensible de las enfermedades urológicas, ella toma medidas activas específicas para conservar la dignidad de sus pacientes en todo momento, en cuestiones grandes o pequeñas. La memoria de su padre nunca está lejos.

"Nunca le hablaría con mucha jerga técnica incomprensible a un paciente", dijo. "Es grosero. Me aseguro de que comprendan todo sin importar su nivel de educación. Siempre pienso, '¿Es esta la forma en que a mi padre o a mi hermano les gustaría ser tratados?'".

Las barreras del idioma también pueden marginar a los pacientes, amenazar su dignidad y comprometer su atención, una realidad que Londoño observó en la facultad de medicina cuando se postuló como traductora voluntaria. En la actualidad su español fluido es muy útil, tanto en el trabajo como en muchas presentaciones que hace en la televisión de habla española, para hablar sinceramente sobre los problemas urológicos de los hombres.

¿Otros caminos hacia la marginalidad? La pobreza y las diferencias culturales.

"Las personas con medios financieros pueden tener acceso a cualquier médico excelente", dijo, "pero hay otros pacientes que posiblemente no tengan este lujo". Es importante ser un buen médico para ellos también".

Si el contexto cultural de un paciente lo hace buscar tratamientos "alternativos" en vez de medicina tradicional, aquí también, Londoño muestra respeto.

"No lo descartaría". Les daré el mejor tratamiento posible, pero también les permitiré probar otras cosas siempre y cuando no sean peligrosas".

Sorpresivamente, una cosa que no le preocupa demasiado es la diferencia de géneros. Más del 90 por ciento de los urólogos son hombres. Sin embargo, Londoño cree que ser mujer le juega a favor.

"Muchos hombres buscan deliberadamente médicos mujeres", señaló, "porque es difícil para ellos hablar sobre situaciones íntimas con otro hombre". Les preocupa parecer débiles. ¡Quieren alguien con quien poder abrirse, alguien empático que realmente los escuche!".

No obstante, unos cuantos pacientes están incómodos al principio, pero Londoño hábilmente los calma hablando suavemente, prestando atención y agregando una pizca de humor. 

Sus pacientes inevitablemente la aman no solo por su comportamiento, sino también por su perspicacia. 

“Mi médico interno creía que tenía cálculos en los riñones”, dijo el paciente de cáncer de vejiga Klein, quien sufrió por dos años antes de conocer a Londoño en el Mercy Hospital en Miami. En breve, ella detectó los tumores y realizó la cirugía para eliminarlos. 

"Ella me explicó todo", dijo Klein, "incluso los efectos en la función sexual. ¡Y tenía razón!".

Tres años después, Klein sigue sano y sin cáncer.

"Ella salvó mi vida", dijo, y agregó que ahora vuela a través del país para ver regularmente a Londoño en City of Hope por consultas de seguimiento. "¿Por qué no la seguiría?, preguntó. "¡No confío en nadie más!".

La confianza evolucionó en una profunda amistad. En una esquina de la casa de Londoño, hay una hermosa silla mecedora, regalo de la familia Klein cuando nació la hija de Londoño.

La amistad también influyó para traer a Londoño a City of Hope. 

"Honestamente, alenté a Diana a volver a Los Ángeles", explicó Said, una colega cirujana que trabaja en Santa Mónica, California. "Somos muy amigas y la extrañaba". 

De hecho, Said ya estaba haciendo llamadas a sus colegas de City of Hope. "Ella me ayudó a obtener el trabajo", afirma Londoño,"incluso sin que se lo pidiera".

No es que Londoño necesitara alguna ayuda.

"No creo que Diana esté completamente consciente de lo inteligente que es", dijo Said con admiración. "No lo transmite. Es muy tranquila".

"Pero tiene excelentes habilidades quirúrgicas. Es ferozmente honesta. Y cuando se trata de compasión supera a todos los demás. ¡Lo que ves es lo que obtienes!".
 
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